No hemos tenido que esperar a nuestro día 92, la crisis se le ha adelantado un día. Se ha despertado directamente mareado y vomitando, no ha tenido su inconfundible “aviso” del día anterior a la temida noche. Después de su impactante despertar el resto del día ha estado bien.
Mañana seguiré escribiendo la evolución de su episodio, pero algún día os describiré el sentimiento de impotencia que me acompaña cada vez que veo a mi hijo enfermo.También os comentaré las preguntas que me he formulado mil veces y que todas y cada una siguen sin respuesta.
Son las siete de la mañana del día después, de momento mi hijo sigue plácidamente dormido. Estoy saboreando estos minutos o quizás horas soñando con un lapso sin crisis… supongo que cómo muchos de vosotros habéis idealizado muchas veces.
Os
transmito mis pensamientos ya que quizás, a los que conocéis nuestra historia y
sabéis los casi veinte años que llevamos luchando, os sirvan para saber que los
que no encontramos la cura tan ansiada con los años hay una considerable
mejora.

¡Esta
vez ha sido muy suave!